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viernes, 9 de septiembre de 2016

Sin propósito de enmienda


Fotografía de Umberto Verdoliva


—Padre, confieso que he robado…
—¿Mucho, hijo mío?
—Mucho, mucho, muchísimo, padre
—Y ¿te has arrepentido de ello?
—Claro padre, además fui yo el que pagó la sustitución de los bancos de la iglesia
—¡Acabáramos!  Pues ya has cumplido la penitencia. Yo te absuelvo de tus pecados en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
—Estupendo. Amén y gracias, padre. Hasta la legislatura que viene.

domingo, 13 de diciembre de 2015

Métetelo en la cabeza






Métetelo en la cabeza

Nadie que olvidó sonreír
podrá cambiar el mundo
Nadie que diga «mire usted»
y abogue por la estabilidad
podrá cambiar el mundo
Nadie que evite pedir perdón
o dar las gracias
podrá cambiar el mundo

Nadie incapaz de rectificar
podrá cambiar el mundo
Nadie que levante vallas
y desconfíe del vecino
podrá cambiar el mundo
Nadie que tropiece
y no se levante
podrá cambiar el mundo

Nadie que presuma de honrado
podrá cambiar el mundo
Nadie que modifique las reglas
en su particular provecho
podrá cambiar el mundo
Nadie sin imaginación
o sin compasión
podrá cambiar el mundo
Nadie que agite banderas
podrá cambiar el mundo
Nadie que mienta
sin que le tiemble la voz
podrá cambiar el mundo
Nadie que se crea superior a ti
(o a cualquiera)
podrá cambiar el mundo

Nadie que tolere la injusticia
podrá cambiar el mundo
Nadie que se tape los oídos
o rehúya tu mirada
podrá cambiar el mundo
Nadie que agache la cabeza
se arrodille o murmure sí señor
podrá cambiar el mundo

Nadie que jamás se haya enamorado
podrá cambiar el mundo
Nadie adicto a la economía
o a la televisión
podrá cambiar el mundo
Nadie que aborrezca compartir
o que ignore la poesía
podrá cambiar el mundo

Y o mucho me equivoco
o este mundo hemos de cambiarlo
Urgentemente
Entre todos
En defensa propia
Métetelo en la cabeza
o como mínimo
piénsalo un rato
Si quieres
claro


lunes, 12 de octubre de 2015

God bless Argamasilla



Ayer soñé que despertaba en una lujosa habitación. Llevaba puesto un pijama que ya había visto antes en el Carrefour, fabricado en China con una tela imitación de seda, repleta de barras y estrellas. Al incorporarme debieron activarse unos sensores de movimiento porque sonaron unos pitidos y de súbito apareció un tipo engominado que decía ser mi ayuda de cámara, informándome de que enseguida me servirían el desayuno porque en menos de una hora debía embarcar en el Air Force One para desplazarme a un país árabe, para abordar en una cumbre no sé qué crisis internacional. El individuo aquel, que era negro como yo (¡jcoño, no era grasa!), no quiso creer que había un error, que yo no era el puñetero presidente de los Estados Unidos de América, que sólo era Pepe Sánchez, uno de los operarios del taller de mecánica, chapa y pintura “NIKELAO”, en Argamasilla del Ebro. El tío plasta empezó a meterme prisa; que si tiene que desayunar, que si tiene que asearse, que si ha de vestirse y revisar unos papeles. Un tocapelotas de primera. Bañado todo con un café deprimente, tuve que zamparme a contrarreloj el beicon, los huevos y las tortitas untadas de una horrible manteca de cacahuete que no debe gustar ni a los monos más hambrientos. Ya en el baño, vi que había adelgazado unos cuarenta kilos, pero no acababa de gustarme ese nuevo aspecto. Sí, probablemente era más joven y atractivo que antes, pero es que yo nunca le hecho asco a mis michelines ni a mi papada, que lo mío me ha costado conseguirlos y bien que le gustan a mi Manola. Una vez limpio y perfumado, el auxiliar, que por lo visto se llamaba H. Murray (por lo menos eso ponía en la placa que llevaba sobre el pecho), me dio a elegir entre un traje gris o uno negro. Lo prefiero blanco, le dije, más que nada por joder y para resarcirme de lo de la manteca de cacahuete. Eso es imposible, dijo Murray. Puse cara de mala leche y dije pues que sea blanco y además smoking y con pajarita, me cago en tus muertos. Lo dije por joder y por la manteca, pero también porque en mi vida me he puesto un smoking y mira por donde, en ese momento me apetecía, la verdad. Murray se arrodilló delante de mí y se puso pálido, comenzó a sollozar y a implorarme que no insistiera, que ese no era el atuendo que el protocolo exigía. Pues me cago en tus muertos y además en ese maldito protocolo. El ayuda de cámara desenfundó un walkie talkie y dijo algo así como Defcon 4, el presidente se ha vuelto loco. Entraron dos gorilas con gafas oscuras, a los que parecía les iban a reventar las chaquetas por usar dos tallas menos. Me inmovilizaron asiéndome cada uno de un brazo y a través de sus interfonos me pareció que solicitaban instrucciones. A los pocos segundos surgió a través de la puerta un pitecantropus erectus vestido de militar y lleno de galones, insignias y condecoraciones. Tenía pinta de no haber acabado la enseñanza básica obligatoria y además bizqueaba. Señor presidente, me dijo, al gobierno le gustaría que colaborase y no complicara más las cosas, sé que se siente nervioso porque estamos al borde de la tercera guerra mundial, pero su actitud no ayuda para nada. Tómese esta pastillita, si es tan amable. La pastilla se la va a tomar tu puta madre, contesté. Entonces, no sé quién ni cómo, me inyectó alguna droga, dejándome inconsciente en el acto.


Me volví a despertar, pero esta vez iba en un avión, vestido con un traje oscuro y medio agilipollado. Como si me hubiese soplado una botella de aguardiente. Casi todo me daba vueltas. Enfrente tenía a un gafapasta sosteniendo una ristra de papeles. Tiene que leerse este informe en solo veinte minutos, señor presidente. Mira, chico, ahora no tengo el cuerpo para lecturas, cuéntamelo rápido y abreviando. El chaval empezó diciendo no se qué de Chechenia, algo sobre Rusia y Afganistán y nombró a Corea del Norte. Pero no me quedé con la copla de nada, la explicación fue demasiado rápida y me encontraba muy aturdido. En su discurso, lo que usted debe hacer es apoyar las acciones de nuestros aliados, ¿comprende? Y explicar que Estados Unidos jamás firmará pactos de desarme con ninguna potencia virtualmente peligrosa. Oye, chico, pareces espabilado, pero te han comido el tarro, ¿no? ¿A qué se refiere, señor? Pues que, cojones, toda la gente en todas partes quiere la paz y lo único que hacemos continuamente los políticos es tocarles los huevos. En ese discurso lo único que voy a proponer es formar una mesa mundial por la paz, a la que estarán invitados los aliados y los no aliados, los potencialmente peligrosos y los realmente peligrosos, como nosotros. Voy a proponer que el dineral que entre todos nos gastamos en defensa y armamento se emplee en montar empresas decentes en países deprimidos, en llevar agua y comida donde la necesitan y ¿por qué no? en intentar salvar este planeta de toda la mierda que le estamos soltando. Pero señor, ¡no puede hacer eso! ¡Estará traicionando a su país! ¡Pues que se joda mi país! Es lo que me apetece, eso y volver a Argamasilla del Ebro con mi santa esposa. ¿Argamasilla? ¿Usted es de Argamasilla del Ebro? ¿Conoce a la Felisa, de la familia de los Cariocos? ¿Pues no la voy a conocer, desgraciao? ¡Si es mi prima, recontraconjones! Soy José Sánchez, el mecánico. ¡Madre mía, qué casualidad! ¡Si es usted mi tío Pepe! Algo aún recuerdo, que yo era muy chico entonces. Pues yo soy Eustaquio, sobrino de la Felisa, el hijo de su hermano Florencio. ¡Acabáramos, Eustaquín! Pues no hace años que tu padre se piró a América… ¿Y qué cuernos haces tú aquí, asesorando al presidente? Pues mire, que mi padre se hizo íntimo amigo de un concejal de Chicago, que a su vez es como si fuera hermano del Presidente, y aquí que me enchufaron. ¡Qué suerte tienes, Eustaquín, bandido! ¿Y usted qué hace aquí, con esa pinta y tan lejos del pueblo? Pues ¿qué voy a hacer, hijo? Que estoy soñando y mira por donde me ha dado por imaginarme que soy el presidente de los yanquis y me encuentro contigo en este avión tan majo. ¡Hombre, pues haberlo dicho usted antes! Mire, tío, yo lo que no quiero es amargarle el sueño, diga en la conferencia lo que se le antoje, faltaría más. Aunque no le extrañe que cuando acabe la cumbre sea usted víctima de un atentado, ya puede imaginar cómo se gastan aquí según qué cosas... Mira, Eustaquín, que se lo tomen como quieran, tú ahora la boca cerrada para que no entren moscas. Una vez que tengo la oportunidad de arreglar el mundo aunque sea de mentiras, no la voy a desaprovechar. Pues mucha suerte tío, y si vuelve por aquí alguna vez, no deje de visitarme. Y por favor, cuando esté de vuelta dé recuerdos a la tía Felisa y al resto de la familia. Lo haré, muchacho, lo haré. Oye, ahora a ver, ¿dónde están los servicios?, es que me estoy meando encima…

sábado, 21 de febrero de 2015

Fronteras




Imagina un mundo
Sin esas líneas
Transparentes
Artificiales
Interesadas
Que separan
La pobreza de la riqueza
El alimento del hambre
La guerra de la paz
El futuro de la nada
O viceversa

Es difícil imaginar
Por un momento
Que alguien traspasa
Una de esas líneas
Y sus vecinos le acogen
Con una sonrisa
Con la música
De la esperanza
Le gritan Bienvenido
Te esperábamos
Puedes quedarte
O marcharte
A cualquier otro lugar
Eres libre somos libres
El universo nos pertenece

Porque si fuese así
No habría
Ni pobreza
Ni hambre
Ni guerra
Aunque sí un futuro

Pero los poderosos
Mientras existan
Nos desearán desiguales
Es terrible
Que con poco esfuerzo
Y un trozo de pan
Hayan conseguido
Que muchos de nosotros
Felices sometidos
También consintamos
Que se perpetúe
Esa injusta desigualdad


domingo, 26 de octubre de 2014

Lluvia inesperada



Fotografía: Cerise Doucède


A la hora convenientemente anunciada por los medios, la población salió a las calles. Un importante destacamento de la flota aérea más potente del mundo iba a agasajarles con regalos. Pero sobrevino la sorpresa general cuando, en lugar de las necesarias cajas con alimentos y medicinas suspendidas de pequeños paracaídas, comenzaron a llover globos azules. El firmamento se ocultó detrás de enormes nubes de globos, que caían con lentitud sobre la totalidad del territorio. Y dentro de cada uno de ellos, lo que parecía un billete de dólar. Los receptores, a medida que atrapaban esas ligeras esferas, se apresuraban a reventarlas para guardar su contenido e intentar conseguir más. Ignoraban que a miles de kilómetros, los amos del universo se frotaban las manos sabiendo que podían dejar de preocuparse por el llamado “virus de la isla”; con una inversión ridícula acababan de inocular uno todavía más efectivo, que en cuestión de horas terminaría con la vida de todos aquellos apestados.


domingo, 18 de mayo de 2014

Somos la solución


Money! - Bon Grit (http://500px.com/bonguri)

A ver si me explico. Yo puedo llegar a comprenderos; al menos eso creo. No tenéis un puto duro y queréis arrebatarnos nuestro dinero. Me pongo en vuestro lugar y pienso que yo, a lo mejor o a lo peor, me comportaría igual. Pero vamos a ver, ¿qué culpa tengo yo de que mi padre fuera un hombre acaudalado? Exigís el respeto para los negros, los parados, los disminuidos, los gays, las lesbianas, los inmigrantes, hasta para las ballenas, las abejas, los toros bravos y las focas… ¿por qué os olvidáis de los millonarios? Joder, ¡respetadnos a nosotros también, por el amor de Dios! Hemos tenido la suerte de haber nacido así, en familias acomodadas a las que nunca les ha faltado de nada. ¿No pretenderéis que renunciemos a nuestra propia naturaleza, verdad? Yo no pido que nos veneréis, ni que nos saquéis bajo palio cuando vamos a pasear en el Jaguar o a tomarnos un vermut amenizado con Möet Chandon y caviar iraní al sitio de moda, solo suplico que nos dejéis en paz de una maldita vez, que os olvidéis de nosotros, de nuestros lujosos coches y majestuosos yates. Porque, en general, pensáis que somos el problema, cuando en realidad somos la solución. ¿Qué sería de esta sociedad sin nosotros? A ver, que alguien se estruje un poquito los sesos, que exija un mínimo esfuerzo a sus perezosas neuronas. Vale, pues ya os lo cuento yo: esto sería una puñetera mierda, amigos. Empezamos porque una sociedad sin millonarios sería una sociedad sin la mitad de las empresas (bueno, he de reconocer que muchas de ellas son sociedades fantasmas creadas para blanquear dinero y/o defraudar a Hacienda, pero bueno, id borrando la mitad de las empresas). ¿Dónde estaría toda nuestra pasta, nuestros billones y billones de euros? Pues repartida desigualmente –por mucho que se quiera no podría ser de otra manera- entre la población, una población en su mayoría ignorante, que con dinero en la cartera no tendría ningún inconveniente en negarse a trabajar. ¡Que trabajen los chinos! diría cualquier miserable de esos que debajo de una pancarta brama ahora por un puesto laboral, si le llenas los bolsillos. ¡Que fabriquen los asiáticos, que cultiven los norteafricanos, que nosotros estamos muy bien aquí, tumbaditos a la bartola, tomando el sol, poniéndonos hasta el culo de cerveza! ¿Yo camarero? ¿Yo mujer de la limpieza? ¿Yo conserje? ¿Yo cocinero? ¡Y una mierda! te volverían a decir los tipos de las pancartas. Se cerrarían hoteles y progresivamente todos los negocios. ¿Quién querría ser taxista, albañil, maestro, soldador, funcionario, mecánico, transportista, policía, dependiente en una tienda, médico, fontanero, bombero, chiquito de los recados, etcétera, etcétera? Pues nadie, coño, nadie. Tendríamos que contratar a emigrantes para que hiciesen aquí lo que nadie querría hacer, y éstos remesarían los ingresos a sus países de origen. Si además compramos todo fuera de la patria, todo nuestro dinero acabaría largándose de aquí y no precisamente a Suiza, que es un país muy decente y neutral en el que nos custodian el capital necesario para que esto siga funcionando, no. Se iría a Taiwan, a China, a Malasia, a Filipinas, a Sudamérica, a todos esos países que llamamos emergentes por no calificarlos de jodidos esclavos del primer mundo. ¡Que sí! Que nosotros -vosotros incluidos- somos el primer mundo, cojones, una sociedad moderna aunque a algunos os cueste reconocerlo. Que tenemos el euro y el AVE y vuelos de low-cost aunque hayan aeropuertos sin aviones, tenemos fútbol, basket, Fórmula 1, motos y tenis de élite, macro-botellones, fiestas y saraos a toda hora, la feria de abril, las fallas de Valencia, somos líderes en números de bares y restaurantes, tenemos Benidorm, las playas y los Pirineos, también televisiones con la Belén Esteban y el Paquirrín que emiten las noticias y los realitys que el pueblo necesita para reforzar su autoestima y tener el cerebro ocupado solo en temas que contribuyen a hacerle feliz, que no le inducen a calentarse los cascos con inútiles elucubraciones. ¡Ah! ¿Y políticos? ¿Quién narices estaría dispuesto a serlo si puede evitarlo, solo porque no necesita más dinero del que tiene y además es imposible venderse? Pues nadie, obvio. Nadie querría presentarse a las elecciones, estaríamos huérfanos de mandatarios y esto acabaría siendo una podrida anarquía. El dinero se iría terminando y los que gastaban más exigirían a los que gastaban menos que repartieran sus ahorros, produciéndose una nueva vuelta de tuerca hacia la autodestrucción. Creo que me he expresado claramente, que he expuesto poderosas razones por las que los millonarios somos necesarios para que el sistema siga funcionando de forma pacífica como hasta ahora. No somos vuestros enemigos, queremos ser el espejo en el que os miréis para estimular vuestra ilusión, para que no dejéis de esforzaros en intentar ser lo que nunca alcanzaréis a ser. Los millonarios somos imprescindibles para que esto marche, no os dejéis influenciar por las equivocadas ideas que los perro-flautas intentan sembrar en vuestras cabezas. Somos más necesarios que las ballenas, que las abejas, los toros bravos y las focas. Sin nosotros no existiría el equilibrio social; nosotros aquí y vosotros allí, sé que duele, pero en eso consiste el equilibrio. Dicen que todos nacemos iguales, con los mismos derechos, pero eso solo es una hermosa patraña que queda muy bien en constituciones inútiles, superfluas declaraciones universales y profundos discursos filosóficos. La justicia social consiste en que nosotros somos nuestros patrimonios, heredados o robados, tanto da, y vosotros sois vuestras desgracias, insuficiencias y miserias. Así de sencillo. Porque es lo natural, porque Dios lo ha querido. No os importe padecer, seguro que os estáis ganando el cielo. Rezad, trabajad, obedeced a NUESTROS gobiernos (olvidaba mencionar que en eso algunos tenéis razón: el viejo truco de la democracia sigue siendo muy útil, los gobernantes NOS pertenecen) y ved televisión a troche y moche. Esa es mi receta para que alcancéis eventualmente alguna porción de felicidad –y me consta que se saborean y sientan mucho mejor las porciones pequeñas que las tartas enteras-. Porque ya va siendo hora de que os dejéis de pamplinas: reconoced que no tenéis futuro, admitid que habéis nacido para sufrir, que sois unos cobardes, unos perdedores. Cuando os mentalicéis de ello, comenzaréis a ver la vida desde otra óptica e igual no os sentís tan desgraciados. Dicho esto, os deseo mucha suerte a todos.

Torcuato H. de P.

Comisionado en España de Millonarios sin Conciencia


lunes, 24 de febrero de 2014

Conciencias



Hay gente a la que le asustan
los fantasmas, las tormentas,
los perros, los dentistas,
la oscuridad, las ratas,
los aviones, Hacienda,
la sangre, los extraterrestres,
las serpientes, la muerte
o simplemente su suegra.
Yo, por el momento,
solo temo a mi conciencia
porque como una sombra
permanece siempre ahí,
silenciosa, vigilante.
Se acomoda junto a mí
como un loro en el hombro del pirata
o revolotea alrededor
como una cansina mosca cojonera.
No me quita el ojo de encima.
Examina, juzga, dictamina
sin posibilidad de que me defienda
ni alegue atenuantes.
Puedo sentirla, incluso olerla.
Por mucho que intente despistarla
solo desaparece unos segundos;
vuelve enseguida, sigue al acecho,
no me la quito de encima
ni con agua hirviendo.
Por eso no puedo entender
a todos esos politicastros,
ladrones de dinero,
de vidas y de esperanzas.
No comprendo cómo pueden
dormir plácidamente
mientras se dedican a destruir
los sueños del pueblo.
¿Acaso vendieron sus conciencias?
¿Acaso las asesinaron?
Apuesto que, para dar ejemplo,
dado que más que útiles
eran un jodido incordio
pues replicaban y no eran rentables,
decidieron despedirlas
sin indemnización, ni subsidio,
ni referencias, ni puñetas.
Despedidas y a la calle,
que se busquen la vida
o que se mueran.
Pero esos inconscientes
son tan atrevidos,
y a la vez tan ignorantes,
que no cuentan
con que las conciencias
ni se crean ni se destruyen,
solo se transforman.
Y llegará el día,
más pronto que tarde,
en el que abran el armario
y sus propios Dorian Grays
acabarán con ellos,
y mostrarán al mundo
los depravados rostros
de unos canallas inhumanos.


jueves, 30 de enero de 2014

El filósofo del spray-3



Es posible que sea espantosamente torpe interpretando imágenes. A lo mejor me traiciona mi espíritu literario. El caso es que, en lugar de asaltarme la idea de violencia callejera o vandalismo extremo, un contenedor en llamas siempre me ha parecido la metáfora visible de un mensaje que el pueblo ha enviado a los gobernantes y estos han ignorado con su altanera desfachatez.





martes, 10 de diciembre de 2013

Los amos del mundo



Es sorprendente que casi nadie se pregunte
por qué los amos del mundo no creen en Dios.
Alguien dirá y qué sabes tú, cernícalo.
Yo, como la mayoría, no conozco a esa gente
y no pienses que me arrepiento,
si bien no es necesario ser demasiado perspicaz
para comprender que solo creen en sí mismos
y en la riqueza que les proporciona su poder.
Aunque financien iglesias y sectas,
aunque promuevan fes y religiones
con sus severas leyes y su podrido dinero.
Nos necesitan dóciles, creyentes y piadosos,
pobres, ignorantes y cobardes.
Sus portavoces te prometen la gloria
solo si mueres miserablemente sometido,
humillado, ofendido, derrotado,
aunque satisfecho de sentirte un mártir.
No pequéis, exigen, no robéis
pero si robáis hacedlo entre vosotros,
ya os indicaremos cómo, a quién y cuánto.
No pequéis, ordenan, no matéis
pero si matáis que sea entre vosotros,
ya decretaremos dónde, a quién y cuándo.
Es curioso que casi nadie repare
en que los amos del mundo, esos canallas,
son los únicos y verdaderos dioses.
Hasta un puñetero cernícalo se daría cuenta.


viernes, 5 de julio de 2013

Se vende




El paseante que lucía un cartel de SE VENDE colgando de su cuello fue detenido por la policía en la Plaza del Pueblo. Tras comprobar que carecía de los permisos reglamentarios para ejercer el comercio ambulante le multaron y dejaron libre, pero con cargos.


martes, 30 de abril de 2013

Krenz informa




Krenz es mi mejor amigo y vive en un pequeño y lejano país al que llamaremos W, un lugar cuya actualidad, sembrada de insignificancias y miserias, ignoran por sistema todos los noticieros. Krenz no es, ni mucho menos, su verdadero nombre o apellido; tampoco revelaré cómo nos conocimos ni cuál es su profesión, para evitar someterle a cualquier tipo de riesgo o peligro. No obstante les aseguro que lo que narraré a continuación me sucedió hace dos semanas y hasta donde yo sé es rigurosamente cierto.

Tal y como acostumbramos a hacer cada seis meses, nos reunimos en un punto intermedio del mapa para disfrutar en familia un divertido weekend. Nuestras esposas e hijos siempre se han entendido a las mil maravillas y pasan excelentes ratos juntos. Mientras ellos se refrescaban en la piscina del hotel, aprovechamos para compartir unas cervezas en la terraza. Fue entonces cuando Krenz, con semblante preocupado, comenzó a contarme algo que le había ocurrido desde nuestro anterior encuentro, algo muy serio que todavía no conocía nadie pero precisaba relatarme y además, en persona.

Me veo ahora en la necesidad de puntualizar que conozco a Krenz desde hace veinte años. Aunque es un hombre equilibrado y sensato en el que confío plenamente, me he tomado la molestia de confirmar que los hechos que me desveló (al menos los pocos que en estos momentos permiten su comprobación) son verídicos.

Me contó que un día, hace cuatro meses, estando en el despacho telefoneó a casa para hablar con su mujer y se sorprendió al contestar él mismo, con voz deprimida. Tras varios minutos de conversación surrealista entre sus dos yos, concluyeron que el Krenz de la oficina llamaba desde el año 2012 y el Krenz del hogar contestaba en el año 2018. A partir de ese momento, la charla tomó otros derroteros y se fue alargando. El Krenz actual preguntó por el ulterior estado de sus parientes y amigos pero el Krenz futuro no quiso entrar en grandes detalles, si bien le informó que uno de sus hijos, sin precisar cuál, había muerto recientemente a consecuencia de las políticas puestas en práctica por el nuevo gobierno del partido A (W es un país en el que el 80% de los votos se los reparten los partidos A y B). Tras las últimas elecciones, el partido A, liderado por un voceras llamado X, especialista en cambiar falsas promesas por votos, desbancó al B del Gobierno y emprendió una interminable serie de medidas impopulares, antisociales, autoritarias, inhumanas, plutócratas. Una de tantas fue privar a toda la población del derecho a la sanidad pública y gratuita. Su hijo tuvo la desdicha de contraer una terrible enfermedad, cuyo costosísimo tratamiento Krenz, sin recursos después de haber sido despedido por su empresa, no pudo afrontar. Finalmente el chico falleció. El Krenz del futuro instó entonces al Krenz del presente que asesinase a X. Eso tal vez no impediría que el partido A triunfase de todas formas y aprobase después las mismas leyes, sin embargo, habría en el mundo un embustero menos, un tipo cruel y sin escrúpulos que de seguir existiendo sería uno de los responsables, más bien El Responsable, de la muerte de su hijo y a saber de cuántos ciudadanos más. El Krenz del presente se convenció fácilmente de que debía intentarlo, ya se sabe que cuando la vida de un hijo está en juego no te paras a pensar en nada. Comprendió que es más fácil cargarse a un simple politiquillo, como era X en ese momento, que a un candidato o a un Presidente con toda su parafernalia de seguridad y guardaespaldas. Maquinó durante días y hasta el último detalle el atentado, que perpetró eficazmente, sin dejar un solo rastro. X desapareció del mapa, se multiplicó por cero. Es simple pasto para peces en el fondo de un embalse.

Pero más tarde, hace alrededor de un mes, Krenz recibió una llamada de su casa. Era el Krenz del futuro para informarle que, gracias a su audaz acción, ahora seguía gobernando el partido B. Lamentablemente el nuevo gabinete había adoptado medidas similares por no decir peores que las promovidas por el partido A de haber ganado las elecciones. Ahora no solo su hijo estaba muerto, su mujer agonizaba a la espera de una vacuna que Krenz tampoco podía pagar. Tendría que acabar también con Y, el  Presidente entrante.


domingo, 28 de abril de 2013

Víctimas



-  ¡Alto ahí!  Dame inmediatamente toda la pasta que lleves encima.


     -   ¿Cómo? ¡De eso nada! Si quiere mi dinero habrá de matarme.

     -   Pero hombre, ¿quién te ha dicho que yo quiera matarte?

    -     Para quitarme el dinero antes tendrá usted que usar esa pistola.

    -     Vale, de acuerdo. A ver, convénceme de que no debo hacerlo.

    -     Tengo mujer y dos hijos.

    -     Yo parienta, tres críos y un periquito.

      -     Estoy desde hace dos años en el paro, antes trabajaba de contable en una empresa que se trasladó a Marruecos.

   -     Joder, ¡qué casualidad! Hace más de tres años que no tengo curro; yo era albañil.

  Si no consigo por lo menos cuatro mil euros en el plazo de una semana, nos desahuciarán. ¡Malditos bancos!

   ¡Hijos de puta! ¡Me cago en ellos! A nosotros ya nos tiraron a la calle hace seis meses; ahora vivimos en una caravana robada.

    -   Mi madre está muy enferma. No puedo comprar los medicamentos que necesita y que ya no proporciona la Seguridad Social.

   ¡Qué me vas tú a contar! Tengo un crío medio ciego, no me dan ninguna ayuda y estamos dos años en lista de espera. ¡Políticos de mierda!

   -  Sí, tiene usted toda la razón, ¡vaya gobernantes inútiles y vendidos! A veces me entran unas insoportables ganas de suicidarme y mandarlo todo al carajo.

   Bueno, oye, por favor, tranquilízate, mejor que no sigas. ¿No tendrás un par de euros?, así nos hacemos unas cañitas y seguimos hablando.

     -    Hombre, si solo son dos euros y deja de apuntarme con esa arma…

    -     Pero bueno, ¿no te has dado cuenta? ¡Si solo es una pistola de juguete que encontré en un contenedor! Lo siento, perdona, es que estoy desesperado ¿sabes? Me llamo Paco.

  De acuerdo, encantado, Paco. Le comprendo, pero entienda que me ha dado un susto. Mi nombre es Eduardo.

   -   Disculpa otra vez, Eduardo, mucho gusto. Y háblame de tú, colega. Mira, yo pago la segunda ronda. Oye, ¿sabes que le tengo echado el ojo a otra caravana? He pensado que luego te daré mis señas, por si al final os desahucian ¿qué te parece?

Y los hombres se encaminaron hablando amigablemente hacia el bar más cercano.


martes, 23 de abril de 2013

Lágrimas colaterales




El pequeño Abdul subió corriendo a la segunda planta, donde antes había estado el apartamento familiar, incumpliendo las desesperadas órdenes de su madre. Entre cascotes y escombros penetró en la maltrecha vivienda con la intención de recuperar aquel muñeco viejo que tanto adoraba. Pero cuando abrió la puerta de su dormitorio descubrió que ni había armario ni quedaba pared: en su lugar aparecía un sorprendente mirador, desde el que en primer término solo se vislumbraba muerte, devastación y miseria; al fondo, cual broma pesada o presagio inimaginable, un espléndido arco iris. El niño se dejó caer de bruces y rompió a llorar amargamente.


Canallada útil




A ese insigne político europeo de labia fácil y afición a los improperios con vocación de gobernante, que pretendía erradicar fulminantemente la inmigración de baja estofa, le gastaron una solemne putada, o por mejor decir, le dieron su justo merecido cuando, una noche y por medios desconocidos, unos sujetos anónimos le narcotizaron y lo trasladaron a una región del África subsahariana con la que no existían relaciones diplomáticas y se encontraba en guerra con sus vecinos.


Cuando el hombre despertó al amanecer, se encontró solo y sin recursos en medio de un barrio mísero de una ciudad y un país desconocidos, en el que la gente no hablaba su idioma y además le miraba como a un bicho raro. Le habían dejado allí sin documentación y era incapaz de hacerse entender con los nativos. Lo intentó con unos policías que le salieron al paso; pero cuando éstos se percataron de que carecía de papeles, le llevaron a la comisaría y después de interrogarlo con violencia, le sustrajeron el reloj y el anillo de oro y lo echaron de allí. Durante semanas deambuló alrededor del lugar donde diariamente se celebraba un mercado de alimentos, peleando con otros desahuciados por conseguir los desperdicios de los vendedores al final de su jornada. Comía pues lo que podía y dormía donde le dejaban, ya que la cantidad de indigentes era impresionante. Enfermó, probablemente a causa del consumo de alimentos crudos y en mal estado, y quedó literalmente tirado en la calle hasta que una familia se apiadó de él y lo acogió en su hogar, si así se puede denominar a aquella chabola sucia y maloliente. La mujer, una negraza oronda, culpable con la complicidad de un chatarrero borrachín de la existencia de cuatro niños y dos niñas, cuidó como mejor supo del hombre blanco hasta su recuperación. Fue entonces cuando el político, al que hasta hacía poco se le erizaba el vello cuando oía hablar de la redistribución de la riqueza, empezó a considerar el verdadero valor de compartir la miseria.


Nadie sabe cómo, pero la noticia de su secuestro y perentoria situación llegó meses después al máximo responsable del Gobierno de su país, rival directo en su carrera al Palacio Presidencial, quien puso inmediatamente en marcha toda la maquinaria jurídica y diplomática a su alcance para, a través de ministros de terceros estados, lograr la urgente repatriación del candidato. Éste, de vuelta en casa, decidió abandonar la política y nunca después se supo más de él.