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sábado, 12 de marzo de 2016

El viaje




Condujo silencioso durante todo el viaje. Me desperté cuando se detuvo en medio de un extraño páramo. Abrió y con una voz desagradable, muy distinta a la que utilizaba cuando me conoció, ordenó que bajase. Pero no me importó; mientras obedecía le dediqué, como siempre, mi mejor semblante. A continuación subió de nuevo al coche y sin decir una palabra arrancó, dejándome allí, ladrando desconsoladamente.

sábado, 5 de marzo de 2016

Espíritu de equipo




Eso me larga el jefe
como desagradable colofón
de un discurso infumable
Lo que ocurre es
que te falta
espíritu de equipo
Repite la frasecita
primero taciturno
luego serio
después amenazante
Mi silencio
y mi cara de palo
con el ceño fruncido
y los ojos entreabiertos
no ayudan precisamente
a distender la escena
Al cabo respondo
casi masticando
con preguntas
¿Equipo? ¿Qué equipo?
El tío muda
de ocre a colorado
La sangre de su pequeño cuerpo
viaja hasta su cabeza
a través de esa vena
hinchada del cuello
Ahora el que calla es él
y su ojo izquierdo
solo ese ojo
empieza a parpadear
como un semáforo intermitente
Comienzan a temblar
los papeles que sostiene
en sus manos
Creo que las orejas
le han crecido
y el nudo de su corbata gris
es comparable
al de la soga de un ahorcado
El tipo suelta los documentos
agacha las narices
y comienza a sollozar
Ese imbécil
al que si hubiera podido
hace un minuto
le habría cruzado la cara
parece indefenso
un animal malherido
Y joder
llamadme ñoño
pero a mí me gustan los animales
Por eso me levanto
y le acaricio el cogote
como le gusta a mi perro
mientras le susurro
Tranquilo
tranquilo
no pasa nada
un mal día
lo tiene cualquiera


lunes, 1 de febrero de 2016

Yatedigo



Kevyn, ¿meskuchas oké? Haze rato kestás aí tókieto, silenzioso, kon kara de panoli y babeando. Joder, mírame, Kevyn, ke testoy ablando. Soy la Yessi, kolega. Y komo te dezía, keske no komprendo a los jóvenes doy en día, tío. Kestán hidiotas. Esta tarde han venío a berme mis nietos y he flipao, chaval. ¿Pero kete passa, nano? Pareze ketayan dao una sobredosis de pastiyas dessas ke nos merkábamos en las fiestukis kuando aún no nezesitábamos bastón o siya de ruedas pa desplazarnos, kolega. Pues eso, kean venío mis nietos a felizitarme el año. ¿A ke no sabes ké nombres les puso mi hija? Aluzina: José Vizente, Amparo y Agustín. Agustín se kedaría ella, la muy jilipollas. ¿Se pué ser más konvenzional e idiota? A la pobre Vanessa ya la notaba yo zierto retraso de pekeña, pero kuando krezió se le azentuó mucho, joder. Valla nombres de mierda. Los kríos lan salío a ella, mekago en el kopón de la baraja. ¿Pues no les da por la mússika klásika y la poesía? ¿Serán memos? El pekeño, el Agustín, kestá medio bizko, se ha puesto a tokar kon el violín una de Mozar en desafinao mallor. Y lo peor eske en lugar de mearme de la risa he tenío ke kontenerme y kaplaudir pa no erir su autohestima. La Amparito, más kursi kel unikornio de la Barbi, ma rezitao de memoria unas rimas de Beker, la madrekelaparió. Ni de Bukoski eran los poemas, kon lo ke sabe su madre keamí me mola ese borrachuzo. Y yo ayí, poniendo mallormente kara de felizidá mientras me daban ganas denviarla a kagar bajo de un pino. ¿Pero ké koño aze esa jente en el kole, tronko? Yo makuerdo de nuestra époka, nos eskakeábamos a todaora pazernos unos porritos, ponernos tatus y pirsings, bailar en el parke bachata y reguetón con la músika del móbil y edukarnos en el sekso. A estos pabos lesadao por estudiar, komo si fueran luego a ser ministros o direktores de algo, kon lo achuchá kestá la puta bida. Y no te pierdas lo del tontolaba del Josevi, ké fuerte tío, ma largao ke kiere azer la karrera de ade, un noséké de empresas y la poya en binagre. Lee dicho kadelante, por no pegarle un ostión ayí en medio de tós nuestros kompis, tete. A muerto dambre es a lo ke va a aspirar esestirao, kes komo su padre, un másmemerezkoyó, un pijo de kuidao, yatedigo. En lugar de pasta pa las estrenas les he endiñao unos bales deskuento del Burgerkin ke metío en unos sobres; kuando los abran en su kassa se van a jiñar de la rabia.

Kevyn, testás poniendo muy pálido, kolega. Kevyn, ¿vas de kachondeo? No me gastes bromas, ke tengo la mecha korta y me konozko. Tío, ¿ké te passa?

—¡Enfermera! ¡Enfermera! ¡Ke me pareze kel Kevyn no respira! Joder, agan algo, leche. Kon la ilusión ke tenía él de yegar al 2080…

jueves, 10 de diciembre de 2015

Todo este rollo




Mira hijo mío
déjame que te explique
de qué va
todo este rollo

Primero naces
y nos haces felices
muy felices
Te criamos
con los mejores productos
te mimamos
te consentimos
te compramos
los juguetes de moda
y cualquier idiotez
que se te antoje
Buscamos
un buen pediatra

Te inscribimos
en un buen colegio
Uno de esos
donde desde el principio
te adiestran
en conocer las reglas
en cumplir las reglas
en no intentar cambiarlas
en venerar a quienes las imponen
Donde desde el principio
te inculcan
que la vida es maravillosa
siempre que la vivas
con resignación
dentro del rebaño
obedeciendo al pastor
y a sus perros
Donde desde el principio
te venden la invisibilidad
como la mejor de las virtudes

Donde también te convencen
de que es fácil ganarse el cielo
aceptando las injusticias terrenales
de que las revoluciones
nunca fueron útiles ni convenientes
Donde te enseñan a recitar
buenos días
cómo está usted
encantado de conocerle
por favor
si fuese tan amable
buenas tardes
sí señor
muchas gracias
ha sido un placer
siempre a su servicio

Luego con suerte
ingresas en la universidad
donde das con gente
que intenta seducirte
de que no hay reglas
y si hay se cambian
o mejor se destruyen
Gente con mucha labia
que nunca mueve un dedo
para materializar
ni una sola
de sus propias consignas
Aprovechas entonces
para emborracharte con los amigos
para descubrir el sexo
quién sabe si también el amor
e incluso la muerte

Tal vez más tarde
encuentras un empleo
donde puedes practicar
eso que te enseñaron
eso de
buenos días
cómo está usted
encantado de conocerle
por favor
si fuese tan amable
buenas tardes
sí señor
muchas gracias
ha sido un placer
siempre a su servicio

Un empleo
que te sirve
para adquirir tu primer automóvil
Un empleo
en el recibes órdenes
más o menos estúpidas
de gente estúpida
a los que se denomina
superiores
aunque no te lleguen
a la suela del zapato

Después con algo de suerte
tú eres uno de esos
estúpidos superiores
que imparte
órdenes más o menos estúpidas
a gente inferior
a la que no llegas
ni a la suela de sus zapatos

Y seguramente
alguna vez
encuentras a alguien interesante
de una buena familia
que le crió
con los mejores productos
que le mimó
que le consintió
que le regaló idioteces
que tuvo un buen pediatra
que ingresó en un buen colegio
que le inculcó las mismas reglas
y los mismos dogmas
que con suerte fue a la universidad
y tiene un empleo
Y te unes a esa persona
compráis una vivienda
y os hipotecáis de por vida
pero gracias al cielo
tenéis un hijo
que os hace muy felices
al que criáis
con los mejores productos
al que mimáis
al que consentís
al que regaláis idioteces
al que buscáis un buen pediatra
y al que inscribís
en un buen colegio
que le inculque las misma reglas
y los mismos dogmas
etcétera
etcétera
etcétera

Pero hijo mío
fíjate lo que te digo
si algún día
te hartas de toda esa mierda
y quieres hacerla volar por los aires
recuerda
solo recuerda
que tengo una cerilla y una mecha
guardadas para ti

Sería una satisfacción infinita
poder ser tu cómplice


domingo, 1 de noviembre de 2015

Rutina



Imagen de Daniele Gay (Italia) - http://d4n13l3.deviantart.com/


A la hora programada, se conectó el vídeo-despertador y se interrumpió el funcionamiento de las alarmas internas y externas. En techo y paredes se sucedían relajantes imágenes de una playa paradisíaca en ultra-plus-resolution. Mientras, de fondo, procedente del equipo con sonido envolvente 6-D y a un volumen que crecía de forma progresiva, sonaba una bellísima sinfonía de Bach. La parte superior de la cama se incorporó con suavidad hasta alcanzar el ángulo previsto de 22,5 grados y las persianas comenzaron a ascender, en completo silencio, a una velocidad constante de ocho centímetros por minuto. En la cocina, el androide puso en marcha la cafetera y la tostadora. El generador instalado en el garaje empezó a suministrar energía eléctrica al vehículo mega-inteligente allí estacionado. Cuando Luis entró al baño emitió una orden verbal y la ducha comenzó a suministrar agua a 30,2 grados centígrados; ni una décima más, ni una menos.

Tras su aseo personal, se introdujo en la cabina de diagnóstico para obtener un informe de sus constantes vitales, contaminación radiactiva incluida. Se vistió, chequeó el informe, desayunó, consultó la previsión meteorológica exacta para las siguientes seis horas, reprogramó el robot y los electrodomésticos y subió al autoplaneador, deseándose más suerte que los últimos cuatrocientos treinta y seis días. Aunque en todos los medios el Gobierno aseguraba por enésima vez que la tasa de paro seguía reduciéndose a un ritmo trepidante, la realidad es que él no había recibido ni una sola oferta de trabajo desde que se firmó un E.R.E. y perdió su puesto de ingeniero en Domotics Enterprise. A ver si hoy, por lo menos, en la Oficina de Empleo la cola no era tan larga como de costumbre.


NOTA: Este relato está incluido y forma parte de la revista
VALENCIA ESCRIBE de Noviembre-2015, disponible en


sábado, 5 de septiembre de 2015

Crac






                          El mundo hace crac
mientras ves la televisión
mientras sacas brillo al coche
mientras pagas tus impuestos
mientras te matas en el gimnasio
mientras olvidas las llaves
                           El mundo hace crac
mientras compras en el súper
mientras recoges la caca del perro
mientras mandas un wasap
mientras miras por la ventana
mientras alcanzas el orgasmo
                          El mundo hace crac
mientras te tuestas en la playa
mientras riñes a tus hijos
mientras lees un libro
mientras te despachas una paella
mientras das el pésame a alguien
                          El mundo hace crac
mientras esperas al médico
mientras lavas los platos
mientras cantas gol
mientras pones el despertador
mientras te tomas una cerveza
                          El mundo hace crac
mientras preparas un informe
mientras juegas a la lotería
mientras asistes a un concierto
mientras pisas un charco
mientras cagas
                         El mundo hace catacrac
Y tú ahí
tan tranquilo/a


miércoles, 8 de julio de 2015

Crisis



Prison break - Weichuan Liu (China)  http://lwc71.deviantart.com/




      Últimamente, en la penitenciaría reina el silencio. Los internos miran con recelo a los funcionarios, aunque también entre ellos andan buscando un culpable. Porque, como explicación más plausible, solo encuentran la de que alguien haya estado vertiendo en la comida una extraña droga. La intervención de los empleados de la cocina, principales sospechosos, fue descartada tras haberlos sometido a agotadores interrogatorios, polígrafo incluido. A pesar de eso, un representante de los vigilantes y otro de los presos comprueban a diario que no se empleen ingredientes desconocidos en el proceso culinario.

     Nadie sabe cómo ni cuándo acabará todo. Lo único incuestionable es que poco a poco los ánimos van caldeándose, que si la situación persiste –y no hay indicios de solución a corto plazo- la violencia hará acto de presencia más pronto que tarde. Y es que se hace insoportable permanecer allí encerrado, sin poder soñar mientras duermes.


martes, 23 de junio de 2015

Encuentro en La Cuarta Fase



Voy a ser sincero:
entré en aquel bar de pijos
que se llamaba La Cuarta Fase
por una razón muy sencilla
Me estaba meando encima
necesitaba orinar y rápido
Por eso pedí un café
y corrí a aliviarme al baño
Cuando regresé
solo había un sitio libre
así es que pagué la consumición
y me instalé allí
En la mesa de al lado otro cliente
uno con pinta de enteradillo
con el pelo engominado
un piluco de tres kilos de peso
gafas de sol de marca
y traje gris marengo
parloteaba por su iphone
como un perfecto imbécil
Que si el índice Nikkei
que si el PIB de Rusia
que si una OPA del Desdner Bank
que si el LIBOR de los cojones
Total gilipolleces de esas
gracias a las cuales
unos pocos incrementan sus riquezas
y la mayoría nos hundimos más en la miseria
Cuando estaba diciendo algo
acerca de comprar un millón de acciones
de no sé qué sociedad luxemburguesa
al tío se le muere el teléfono
debía estar hasta los cátodos
de aquel impresentable
El tío se gira y me pregunta
si llevo una batería externa
Como le contesto que no
hace un respingo
propone comprarme el móvil
Si tiene suficiente energía
te doy mil euros tío
pago al contado
me dice en plan arrogante
Es una oferta tentadora
pero ese individuo me cae mal
rematadamente mal
muchísimo más que mal
Le abriría el cráneo gratis
antes que prestarle un kleenex usado
Así es que me pongo serio
en plan interesante
y le digo que no
que lo siento pero no
que estoy esperando una llamada
muy importante de las Bahamas
(que no sé dónde carajo están)
Una llamada trascendental
para el futuro le digo
de la humanidad en este planeta
Porque y ahora le ruego que sea discreto
la hora de la invasión extraterrestre ha llegado

lunes, 1 de junio de 2015

El coleccionista



The dream collector - Hano Deckrsen (Brasil)



A mí, para ser sincero, los coleccionistas me dan grima. Siempre los miro de reojo y procuro mantenerme al margen. Jamás me atrevería a preguntar a ninguno de ellos por su afición, ya que podrían contestarme o, lo que es peor, intentar explicarme algo, entrar en concienzudos detalles sobre alguno de los apasionados productos de los que hacen acopio y que, la verdad sea dicha, me importan un pito. No entiendo cómo a nadie puede entusiasmarle observar lepidópteros muertos, vitolas para habanos desaparecidos, chapas oxidadas de espumosos, monedas nigerianas, escarabajos peloteros o estampillas de la Guayana Holandesa del período de entreguerras. Pero, por favor, no me malinterpreten, eso no significa que un servidor haya perdido el respeto por cualquier tipo y grado de excentricidad. Considero y defiendo que cada cual es muy libre de elegir sus desequilibrios o psicopatías. ¡Faltaría más!

Vengo a decir todo esto porque hoy me he acordado de mi vecino de arriba. Era uno de ellos, un coleccionista. Pero no uno cualquiera. Ese tipo era un crack. Porque en lugar de objetos tangibles, el buen hombre se dedicaba a almacenar sonidos. No, no estoy loco. Cada día era testigo de la extraordinaria y variopinta colección de ruidos, gritos, lloros, silbidos, golpes, ronquidos, voces, susurros, crujidos, músicas, gemidos, etcétera, que ese personaje acaparaba y que no sé dónde guardaba, ni qué pinta tenían, por cierto.

A veces me lo encontraba en el ascensor y comprobaba que le costaba dar los buenos días, decir hola, adiós o hasta luego. Seguramente debía pensar que cada palabra que salía de su boca es una pérdida, un sonido que huía y nunca más podría recuperar. Yo lo entiendo, sé por fuentes serias y solventes que esa gente es muy obsesiva, muy suya. Que no les gusta prestar ni compartir sus preciados objetos de deseo. Son capaces de machacarte con una clase magistral sobre cualquiera de ellos, pero lo que es compartir el más inútil y despreciable, eso ni por asomo.

Tal vez por esa misma razón, aquel sujeto se concentraba en disfrutar su colección en lo que entendía que era la intimidad de su casa y en los momentos más inesperados. Como cuando un domingo a las ocho de la mañana sacaba del baúl el estrépito de una taladradora. Me imagino que, emocionado al contemplar, oler, palpar y escuchar ese sonido, no reparaba en la delgadez de las paredes y los suelos. No era consciente de que estaba compartiendo –verbo maldito como he dicho para cualquier coleccionista- sus valiosos tesoros con extraños, ajenos además a su sacrosanta afición. Igual ocurría algunas noches, cuando difundía los gemidos del placer sexual de una pareja o unos ronquidos temiblemente estertóreos. Nunca llegamos a saber si el habitante de la puerta catorce tenía un canario o solo poseía el sonido de su canto, que amenizó tantos de nuestros amaneceres.

Me hubiera gustado conocer un poco más a aquel taciturno personaje, no tanto por curiosear en sus pertenencias como para poder ahora explicarme el cariño que tenía a la palabra «Maldita», detrás de la cual saltó desde su ventana del quinto piso.


miércoles, 27 de mayo de 2015

Aturdido por tanta felicidad




Para escuchar Almost Blue, de Chet Baker, mientras se lee:


esta noche tuve un sueño
flotaba sobre una colchoneta
en la piscina de mi mansión
contemplando mágicas nubes
desplazarse hacia el noroeste
a veces cerraba los ojos
estaba aturdido por tanta felicidad
a pesar o a propósito de las tristes notas
del «Almost Blue» que sonaba de fondo
interpretado por el mejor Chet Baker
ese que debió reaprender
a tocar la trompeta
después de que le destrozaran
los dientes por asuntos de drogas
la música solo era interrumpida a veces
por el canto de algunos pájaros
o por los gritos de mis queridos hijos
y los alegres ladridos del labrador
con el que jugaban en el jardín trasero
mi mujer tomaba el sol en top-less
recostada en una cómoda hamaca
dando cortos sorbos a un mojito
que le sirvió nuestra asistenta ecuatoriana
estaba aturdido por tanta felicidad
y pensé que sería sencillamente formidable
morir en ese preciso instante
que no me importaría lo más mínimo
que me cayese un meteorito encima
sufrir un infarto fulminante
palmarla en definitiva
en el puñetero cénit de mi vida
pensé que no valía la pena seguir viviendo
que en cualquier momento
podría sonar el teléfono
con las peores noticias de mi asesor financiero
contando por ejemplo que los yihadistas
habían invadido las Seychelles
y ya me podía ir despidiendo
del finiquito de mi contrato blindado
que en cualquier momento
telefoneaba  mi médico particular
para soltarme que las últimas pruebas
revelaban que padecía una enfermedad terminal
que en cualquier momento
llegaba un condenado chantajista
con las fotos del Presidente y un servidor
en la reunión en la que nos repartíamos
una pasta sospechosamente turbia
que en cualquier momento
irrumpían unos delincuentes
violaban a mi mujer y a la criada
secuestraban a mis hijos
y me cortaban las pelotas
estaba aturdido por tanta felicidad
allí flotando en la templada agua de la piscina
mientras mi mujer se untaba protector solar en las tetas
mientras mis hijos mordían al perro
mientras la sirvienta hacía crucigramas
mientras pensaba que quería morirme en ese instante
cuando alguien golpeó la puerta
eran dos policías municipales
que me ordenaron que desalojara
que recogiera los cartones
y saliera cagando leches
del cajero de aquel banco


sábado, 13 de diciembre de 2014

Navidá en la penitenciaría



North Pole Penitentiary - Deborah (Canadá)  http://pretty-in-pixels.deviantart.com/



Hola gente. Me llamo Rafa, pero los colegas me dicen El Tabarra. El señor Mauro, que es el Director del talego, me ha pedío que haga una redación de cómo es la navidá aquí en chirona, que cuente mis esperiencias, que luego echarán esta carta por la radio del pueblo pa que los vecinos no nos miren tan malamente y comprendan que somos como los demás, aunque alguna vez en esta vida nos hayamos columpiao y la hayamos pifiao fastidiando a otras personas. Ahora, por nuestra mala cabeza, los fastidiaos somos nosotros y nuestras pobres familias.

La verdá es que yo no soy de mucho escribir, no sé esplicar bien las cosas y tengo muchas faltas de caligrafía aunque repaso en unas clases que nos dan. Me mola más leer. Aquí en el penal tenemos una biblioteca cutre, tós los libros son viejunos y usaos y a algunos les faltan hojas. Pero si rebuscas en los montones, a veces encuentras algo guay. Como por ejemplo el tocho que estoy leyendo ahora y que se llama El Conde de Montecristo, que no tiene que ver con los puros cubanos. Los palabros que no entiendo se los pregunto al Sanguijuela, que es un compañero listo al que trincaron en Zaragoza por unas estafas que hizo allá. Iba trajeao por las casas y decía que vendía encicopledias de esas. A los jubilatas les sacó una pasta gansa por unos libros que ni existían ni verían jamás. Además, pillaba los datos del banco y luego se compraba trastos y chismes en internet que pagaban los viejales. El Sanguijuela dice que está arrepentío, pero me da que al pavo lo han calao en la trena y por falsuni naide quiere negocios con él.

Bueno, pues eso, que el Director me ha camelao, diciendo que como tengo facilidá de palabra que les esplique a ustedes vosotros lo de las fiestas en la prisión. Lo que no sabe es que, aunque sea un bocas, aunque no pare de dar la brasa a Cristo viviente, que por eso me llaman Tabarra, me cuesta y me cansa mucho escribir. Además, al menda no le gusta pa darse el moco. Espero que no me haya vacilao y luego cumpla su palabra y me regale Las sombras del Greys, como me dijo.

A mí lo de la Navidá, la verdá, como que me da grima. Iba a soltar un taco, pero el señor Mauro me ha proibío escribir palabrotas. Yo no sé a los demás pero a mí me rayan tós esos anuncios en la caja tonta, con gachís rompedoras machacando con lotería, turrones, champán, perfumes, bugas y un mogollón de cosas que mucha gente nunca podremos comprar. Y ni te cuento las pelis americanas que echan en esta época, bueno mayormente casi siempre, en toas salen unas kelys de leyenda con dueños que son unos finolis del copón, van sobraos de y tienen familias maravillosas que después de comerse un pavo gigante se limpian con un confeti lo que ya te pués imaginar. A mí me joroba mucho que echen esas películas y que los hijos de los que somos unos desgraciaos se den cuenta de lo desgraciaos que somos.

Lo único que me gusta de la Navidá en el trullo, aparte claro de que algunos días se estiran un poco con el alpiste, es que montan actividades molonas que no se hacen en otra época del año.

Por ejemplo, en una sala grande enseñan y venden a los visitantes algunos trabajos que nos currelamos durante el año en los talleres: cosillas de pintura, ebanistería y cerámica. Con la guita que se recauda luego nos mercamos tabaco, revistas, cedés y otras chorradas.

También hay un partido de fútbol entre los barandas, o sea los funcionarios, y los reclusos, al que vienen nuestras parentelas. Siempre acabamos endiñándoles una paliza, quiero decir, que les metemos unos buenos sobos. El año pasao quedamos 10 a 2 y un vigilante canijo que se llama Fermín salió en ambulancia, porque al macarra del Kunfú se le fue la pinza y de una patada le crujió el peroné. Estuvo seis meses de baja y aún cojea. Yo metí dos golazos, uno de cabeza en plancha a centro del Pitufo y otro de falta directa por el ángulo. Ése lo celebré haciéndole un calvo al portero, que era el pringao de Núñez, cómo se mosqueó el tío, quería zurrarme, vaya bronca…

Luego, otro día, montan un concierto. Ese día dan también los trofeos de mus y dominó. Traen algún grupo chungo de la capital al que no conoce ni la madre que lo parió, pero lo pasamos bien porque  reparten birras y montaítos y armamos una buena bulla. La última vez hizo de telonero Manu El Vakaloka, un friki que toca la guitarra como Dios y compone raps contra la guerra, los mandamases y esta porquería de mundo.

Pero si hay algo que de verdá parte la pana, eso es la obra de teatro que presenta en Nochebuena una peña de compadres. El capo es Tomasín, un camellito valenciano que entiende mucho y estaba enrollao con el tema en las fiestas de su pueblo. El tío es un crack; lo flipa en serio y se ataca enseguida. Monta unos pollos guapos en los ensayos y se acuerda hasta de la abuela de los que se escaquean cuando hay partido en la tele. El día de la obra, que ya he dicho que es Nochebuena, toa la basca nos partimos la caja en el salón de actos, porque algunos van vestíos de chorbas y tienen una pinta que ni te cuento. Además, muchas veces olvidan lo que tienen que decir y Tomasín ha de soplarles desde el rincón. Creo que este año están preparando una que se llama El Alcalde de Zalamarra o algo parecío, pero dicen en versión tuneada o yo qué sé. Y hablando de alcaldes, de lo que tenemos tós unas ganas locas, locas, es que manden aquí ya de una vez a unos cuantos políticos porque, aunque muchos son unos malos bichos, seguro que tós son unos actores dabuten y con ellos el espectáculo saldría niquelao.

Bueno, pues , se acabó, se finí caprí, Feliz Navidá y Posprero Año Nuevo pa toa la tropa.

Rafa Sastre

viernes, 27 de junio de 2014

Maldita la hora





La barbilla enhiesta, volátil el cabello, sonrosadas mejillas que enmarcan una sonrisa deslumbrante y ese sutil movimiento de brazos, trasero y caderas que realza sobre la pasarela su incipiente pubertad. La niña vestida de puta maldice la hora en que sus padres decidieron inscribirle en aquel concurso de pequeños monstruos.




domingo, 18 de mayo de 2014

Somos la solución


Money! - Bon Grit (http://500px.com/bonguri)

A ver si me explico. Yo puedo llegar a comprenderos; al menos eso creo. No tenéis un puto duro y queréis arrebatarnos nuestro dinero. Me pongo en vuestro lugar y pienso que yo, a lo mejor o a lo peor, me comportaría igual. Pero vamos a ver, ¿qué culpa tengo yo de que mi padre fuera un hombre acaudalado? Exigís el respeto para los negros, los parados, los disminuidos, los gays, las lesbianas, los inmigrantes, hasta para las ballenas, las abejas, los toros bravos y las focas… ¿por qué os olvidáis de los millonarios? Joder, ¡respetadnos a nosotros también, por el amor de Dios! Hemos tenido la suerte de haber nacido así, en familias acomodadas a las que nunca les ha faltado de nada. ¿No pretenderéis que renunciemos a nuestra propia naturaleza, verdad? Yo no pido que nos veneréis, ni que nos saquéis bajo palio cuando vamos a pasear en el Jaguar o a tomarnos un vermut amenizado con Möet Chandon y caviar iraní al sitio de moda, solo suplico que nos dejéis en paz de una maldita vez, que os olvidéis de nosotros, de nuestros lujosos coches y majestuosos yates. Porque, en general, pensáis que somos el problema, cuando en realidad somos la solución. ¿Qué sería de esta sociedad sin nosotros? A ver, que alguien se estruje un poquito los sesos, que exija un mínimo esfuerzo a sus perezosas neuronas. Vale, pues ya os lo cuento yo: esto sería una puñetera mierda, amigos. Empezamos porque una sociedad sin millonarios sería una sociedad sin la mitad de las empresas (bueno, he de reconocer que muchas de ellas son sociedades fantasmas creadas para blanquear dinero y/o defraudar a Hacienda, pero bueno, id borrando la mitad de las empresas). ¿Dónde estaría toda nuestra pasta, nuestros billones y billones de euros? Pues repartida desigualmente –por mucho que se quiera no podría ser de otra manera- entre la población, una población en su mayoría ignorante, que con dinero en la cartera no tendría ningún inconveniente en negarse a trabajar. ¡Que trabajen los chinos! diría cualquier miserable de esos que debajo de una pancarta brama ahora por un puesto laboral, si le llenas los bolsillos. ¡Que fabriquen los asiáticos, que cultiven los norteafricanos, que nosotros estamos muy bien aquí, tumbaditos a la bartola, tomando el sol, poniéndonos hasta el culo de cerveza! ¿Yo camarero? ¿Yo mujer de la limpieza? ¿Yo conserje? ¿Yo cocinero? ¡Y una mierda! te volverían a decir los tipos de las pancartas. Se cerrarían hoteles y progresivamente todos los negocios. ¿Quién querría ser taxista, albañil, maestro, soldador, funcionario, mecánico, transportista, policía, dependiente en una tienda, médico, fontanero, bombero, chiquito de los recados, etcétera, etcétera? Pues nadie, coño, nadie. Tendríamos que contratar a emigrantes para que hiciesen aquí lo que nadie querría hacer, y éstos remesarían los ingresos a sus países de origen. Si además compramos todo fuera de la patria, todo nuestro dinero acabaría largándose de aquí y no precisamente a Suiza, que es un país muy decente y neutral en el que nos custodian el capital necesario para que esto siga funcionando, no. Se iría a Taiwan, a China, a Malasia, a Filipinas, a Sudamérica, a todos esos países que llamamos emergentes por no calificarlos de jodidos esclavos del primer mundo. ¡Que sí! Que nosotros -vosotros incluidos- somos el primer mundo, cojones, una sociedad moderna aunque a algunos os cueste reconocerlo. Que tenemos el euro y el AVE y vuelos de low-cost aunque hayan aeropuertos sin aviones, tenemos fútbol, basket, Fórmula 1, motos y tenis de élite, macro-botellones, fiestas y saraos a toda hora, la feria de abril, las fallas de Valencia, somos líderes en números de bares y restaurantes, tenemos Benidorm, las playas y los Pirineos, también televisiones con la Belén Esteban y el Paquirrín que emiten las noticias y los realitys que el pueblo necesita para reforzar su autoestima y tener el cerebro ocupado solo en temas que contribuyen a hacerle feliz, que no le inducen a calentarse los cascos con inútiles elucubraciones. ¡Ah! ¿Y políticos? ¿Quién narices estaría dispuesto a serlo si puede evitarlo, solo porque no necesita más dinero del que tiene y además es imposible venderse? Pues nadie, obvio. Nadie querría presentarse a las elecciones, estaríamos huérfanos de mandatarios y esto acabaría siendo una podrida anarquía. El dinero se iría terminando y los que gastaban más exigirían a los que gastaban menos que repartieran sus ahorros, produciéndose una nueva vuelta de tuerca hacia la autodestrucción. Creo que me he expresado claramente, que he expuesto poderosas razones por las que los millonarios somos necesarios para que el sistema siga funcionando de forma pacífica como hasta ahora. No somos vuestros enemigos, queremos ser el espejo en el que os miréis para estimular vuestra ilusión, para que no dejéis de esforzaros en intentar ser lo que nunca alcanzaréis a ser. Los millonarios somos imprescindibles para que esto marche, no os dejéis influenciar por las equivocadas ideas que los perro-flautas intentan sembrar en vuestras cabezas. Somos más necesarios que las ballenas, que las abejas, los toros bravos y las focas. Sin nosotros no existiría el equilibrio social; nosotros aquí y vosotros allí, sé que duele, pero en eso consiste el equilibrio. Dicen que todos nacemos iguales, con los mismos derechos, pero eso solo es una hermosa patraña que queda muy bien en constituciones inútiles, superfluas declaraciones universales y profundos discursos filosóficos. La justicia social consiste en que nosotros somos nuestros patrimonios, heredados o robados, tanto da, y vosotros sois vuestras desgracias, insuficiencias y miserias. Así de sencillo. Porque es lo natural, porque Dios lo ha querido. No os importe padecer, seguro que os estáis ganando el cielo. Rezad, trabajad, obedeced a NUESTROS gobiernos (olvidaba mencionar que en eso algunos tenéis razón: el viejo truco de la democracia sigue siendo muy útil, los gobernantes NOS pertenecen) y ved televisión a troche y moche. Esa es mi receta para que alcancéis eventualmente alguna porción de felicidad –y me consta que se saborean y sientan mucho mejor las porciones pequeñas que las tartas enteras-. Porque ya va siendo hora de que os dejéis de pamplinas: reconoced que no tenéis futuro, admitid que habéis nacido para sufrir, que sois unos cobardes, unos perdedores. Cuando os mentalicéis de ello, comenzaréis a ver la vida desde otra óptica e igual no os sentís tan desgraciados. Dicho esto, os deseo mucha suerte a todos.

Torcuato H. de P.

Comisionado en España de Millonarios sin Conciencia


jueves, 8 de mayo de 2014

Sin rodeos


The bone collector - Morkel Erasmus (http://500px.com/morkelerasmus)


Según mi amigo Benito, al que le gusta decir lo que piensa sin rodeos ni zarandajas, cada vez que un tío encorbatado con aspecto de no haber pasado hambre en su vida, sentado en un sillón de cinco mil euros, detrás de un habano y una mesa de diseño de precio asimismo incalculable, un tío con pinta y maneras de hiena, que no ha hecho otra cosa en su puta existencia que rascarse las pelotas a dos manos y defraudar al fisco, que no conocería el sudor si no hubiese visitado una sauna, la Riviera Maya o una pista de pádel, cada vez (dice) que ese sujeto se queja de la insuficiente productividad laboral y exige la bajada de los salarios y las pensiones, debería desatarse una tormenta apocalíptica sobre su jodida cabeza y caer un rayo mortal en sus descomunales testículos. Cada vez; sí, en sus testículos. Por cabrón, por hijo de puta.


viernes, 21 de febrero de 2014

La fórmula



Las extrañas y repentinas muertes de Louis Morand y Pierre Duvivier me abrieron los ojos. Pronto saqué dos conclusiones. Una, en el INIM teníamos un topo y dos, si no movía ficha rápidamente el mío sería el próximo cadáver.

-¿Fórmula? ¿Y para qué habríamos de querer nosotros una maldita fórmula?

Aquellos tipos, además de peligrosos eran duros de mollera. Un viejo colega del colegio, Jean-Luc Leclerc, me puso en contacto con ellos. Asistir a una escuela pública tiene sus ventajas y sus inconvenientes. En este caso, la ventaja de haber conocido a Leclerc, un ser marginal que vivía hacía años practicando funambulismo sobre el delgado filo de la ley.

Cuando el ascensor de Louis Morand, director del Instituto Nacional de Investigaciones Médicas, se precipitó al vacío desde la decimoséptima planta del edificio donde vivía, todos lamentamos ese desgraciado accidente. Pero cuando a las pocas semanas el subdirector Duvivier empotró el vehículo que conducía con un camión-tráiler que de forma inexplicable invadió su carril, los compañeros del Instituto comenzaron a sospechar de la caprichosa naturaleza del azar. Yo fui el único que no dudé, que lo tuvo claro.

Como adjunto a la dirección y única persona viva con acceso a todos los archivos y expedientes del centro, era lógico que temiese por mi supervivencia y la de mis familiares. Contacté entonces con Jean-Luc a través de un amigo y ex-compañero común, un músico llamado René. Lo bueno de los individuos como Leclerc es que les invitas a dos buenos tragos, les financias un revolcón de calidad y olvidan preguntarte para qué narices necesitas unos sicarios. Así es que no puso reparos en facilitarme el teléfono de un tal Gaetano Perinetti, un napolitano instalado en Marsella que, según sus informaciones, contaba con un equipo de élite que resolvía trabajos complicados con una rapidez y pulcritud exquisitas.

-Quiero ver muertos al ministro de Sanidad y a los Presidentes de las dos compañías farmacéuticas más importantes de Europa y mi deseo es que todo ello ocurra antes de una semana, el mismo día y si es posible a la misma hora –dije a Gaetano en la reunión que mantuvimos en Génova y a la que acudieron también dos miembros de su staff.

-Eso le va a salir muy caro, ¿lo entiende, verdad?

-Lo entiendo, por supuesto que lo entiendo. Y también espero que ustedes entiendan que aunque no tengo un euro, dispongo de una fórmula valiosa, muy valiosa.

-¿Fórmula? ¿Y para qué habríamos de querer nosotros una maldita fórmula?  –replicó Perinetti con su peculiar acento del suroeste italiano.

-Se lo explicaré. Dos de los tres hombres con acceso a esa fórmula ya han sido asesinados por cuestiones pecuniarias. Yo soy el tercero. Digamos que a las grandes farmacéuticas no les interesa que se desarrolle ningún medicamento que ponga en riesgo sus sucios negocios. Y el ministro no deja de ser sino un títere de esas corporaciones, un cómplice indecente pero necesario. Solo eliminando a los tres enviaremos un mensaje claro al resto de posibles implicados y tendremos la oportunidad de lanzar un producto que salvará millones de vidas.

-Pero… ¿Cómo se come eso, si nos entrega la fórmula a nosotros?

-Morand, Duvivier y yo mismo sabíamos que nuestro descubrimiento contrariaría los intereses económicos de cierta gentuza. Por eso buscamos discretamente a alguien atraído por la idea de pasar a la historia como un héroe. Es un multimillonario árabe propietario, entre otras muchas, de una empresa química ubicada en una apartada región. Íbamos a donarle la fórmula, pero llegados a este punto prefiero que ustedes hagan su trabajo y se cobren vendiéndosela por una pasta gansa. Él no desea participar en estas negociaciones, quiere quedar al margen de las mismas.

-¿Así de sencillo?

-Afirmativo. He hablado con él y hemos convenido que la compensación será muy sustanciosa. El mismo día que cumplan su parte del trato recibirán por mensajería urgente un abultado dossier en la dirección que ustedes me indiquen. Al cabo de un par de días el propio comprador o uno de sus representantes le telefonearán para ultimar los detalles del intercambio.

-¿Y quién le dice que no fuimos nosotros los que despachamos a Morand y Duvivier? ¿Quién puede asegurarle que no son usted y el árabe nuestros próximos objetivos?

Esas preguntas casi consiguieron helar mi sangre. La posibilidad existía, pero una inevitable deformación profesional me indujo a pensar que la probabilidad era despreciable.

-En ese caso, les imploro solo una pizca de humanidad para romper sus compromisos y colaborar con nosotros. Les repito que la vida de una buena parte de la población mundial está en juego. Con este nuevo fármaco, muchos de sus familiares y amigos no habrían muerto: es ni más ni menos que el remedio contra el cáncer.

Gaetano Perinetti esbozó una lacónica sonrisa, bajó la vista y asintió en silencio.