Mafia - Thierry (Francia) http://seandelpack.deviantart.com/
Entre otras cosas, ya explicamos en
un anterior capítulo cómo realizar un eficaz análisis coste-beneficio que nos
ayude a decidir si podemos prestar dinero a alguien. Ahora intentaremos saber
cómo cobrar a los morosillos que irremediablemente se cruzarán en
nuestro camino. Aunque parece de Perogrullo, la verdad es que antes de liquidar
a un deudor engorroso, deberíamos procurar por todos los medios a nuestro
alcance recuperar esa inversión, o la mayor parte de la misma.
Nos sorprendería conocer la
cantidad de gente retrasada que sigue empleando el inútil método de la amenaza
o el ultimátum («o pagas o te mato»). Este procedimiento está caduco; lo único
que consigues es que el tipo ponga pies en polvorosa, huya a la otra punta del
mundo, cambie su identidad, se haga la cirugía y no vuelvas a verle el pelo durante
el resto de tu existencia.
Sería largo y fatigoso detallar todos
los sistemas que a lo largo de la historia de la Cosa Nostra se han venido utilizando
para resolver el problema. En este manual solo nos centraremos en describir, lo
más esquemáticamente posible, la fórmula que mejores resultados depara en la
práctica a tenor de las comprobaciones empíricas y encuestas realizadas en
nuestro ámbito. Un método que no tiene una denominación específica, pero al que
apetece bautizar como el «método civilizado».
Bien, ya insistimos hasta la
saciedad en el apartado dedicado a la usura que a los acreditados hay que
tenerlos localizados permanentemente; volvemos a incidir ahora en la necesidad
de disponer de una ficha completa, no solo con sus datos (teléfonos,
direcciones, costumbres, descripción física y fotografías), sino también con
los de sus familiares y conocidos. Porque lo primero que hará un moroso es
intentar esconderse y no contestar a nuestras llamadas. Por eso la información
es esencial. Imprescindible. Nuestras fichas son como las redes de los
pescadores: sin red, olvídate de las sardinas, muchacho.
Empleando dicha información, antes
o después, con la colaboración más o menos amistosa de ciertos contactos,
conseguiremos comunicarnos con el moroso. En esa primera aproximación es
fundamental que le presentemos nuestros respetos y preguntemos por su familia,
en un tono que en absoluto pueda interpretarse conminatorio. Pasaremos luego a
recordarles con sumo tacto la obligación que tienen de devolvernos lo que es
nuestro, con los intereses correspondientes, señalando siempre que nos ponemos
en su lugar y comprendemos la dificultad que supone reunir en un corto plazo toda
esa pasta. Intentaremos persuadirle de que hemos elaborado un calendario
especial de pagos que puede satisfacer a ambas partes, pero que ello exige una
reunión para sellar por escrito los pactos que alcancemos. Evitemos las manidas
frases cinematográficas «es una oferta que no podrás rechazar» y otras por el
estilo, que solo contribuirían a menoscabar la confianza de nuestro cliente y
abortar ese fundamental encuentro. Invítale a que acuda con un amigo si así lo
prefiere. Algunos de estos morosos son extremadamente suspicaces y prefieren ir
siempre acompañados. Adviértele que en lugar de armas lleve una tarta de
manzana, que será una conferencia amistosa regada con unos cuantos whiskies de
malta. Una vez convencido, dile que le enviarás un taxi a su casa la noche
siguiente, pues tus numerosos compromisos te impiden arrebatar otros momentos
al día para ese tipo de asuntos.
Hasta aquí hemos tratado la
vertiente psicológica, la primera parte de un sistema que, según los estudios
realizados, se ha mostrado provechoso en el 83 por cien de las oportunidades.
Ahora pasemos al plan en sí.
El taxi ha de ser puntual. Si un
adelanto sobre el horario acordado podría interpretarse como una señal de flaqueza
por nuestra parte, cualquier innecesario retraso inquietaría al deudor, tentándole
a desaparecer transcurridos varios minutos. Es imprescindible que sea un taxi
auténtico, pero el conductor no debe ser italoamericano para no levantar
sospechas. Es importante que, en sitios visibles, figuren una estampa de San
Sebastián, una cinta ancha en la que se pueda leer «Arrepiéntete de tus
pecados» y si es posible, también el símbolo universal de paz y amor. Este
atrezo es variable, pero, en cualquier caso, su conjunto ha de sugerir
emociones adversas, de forma que el pasajero emplee el trayecto en meditar
sobre su pasado pero, ante todo, sobre su futuro.
El taxi se detendrá a las afueras
de la ciudad, en un local industrial abandonado en cuyo exterior solo será
visible un anticuado y polvoriento vehículo particular. En el interior, bajo la
iluminación de una débil bombilla, estarás tú esperando, sentado ante una
miserable mesa y dos destartaladas sillas: una para el moroso y otra para el
posible acompañante. No sería aconsejable que experimenten comodidad durante la
entrevista. Sobre la mesa, unos papeles, una pluma, una botella de bourbon y
tres vasos. A tu lado, un hombre de confianza, de dimensiones extraordinarias, que saldrá hasta
la entrada para verificar que el visitante no haya cometido la imprudencia de
acudir armado. Una vez permitido el acceso, te levantarás saludándole y pidiéndole
disculpas por recibirle en un lugar tan apartado y poco acogedor; cualquier
excusa es válida (están reformando tu despacho, por ejemplo). Le invitarás a
sentarse y le servirás un trago. Si trae la tarta de manzana u otros dulces, no
tengas reparos en dar buena cuenta de ellos. Ni ese tipo ni nadie en sus
cabales osaría ofrecerte algo envenenado si pretende salir con vida de la reunión.
Acto seguido, vuelve a interesarte
por el estado de salud de sus familiares más cercanos, llamándolos por el
nombre de pila aunque no sepas la cara que tienen. Intenta intercalar
pormenores de la información disponible (a qué colegio van sus hijos, en qué
empresa trabaja su hermano…) para que el moroso tome conciencia de que le
tienes cogido por los huevos, de que si no paga algún ser querido podría salir
perjudicado de una forma u otra. Después le explicas que los negocios son los
negocios, que tú también tuviste contratiempos en el pasado pero con buena
voluntad y cierta dosis de iniciativa los superaste para llegar hasta donde
ahora estás. Intenta que ese hombre no abra demasiado la boca, no te va a
interesar nada de lo que diga; sin capacidad económica, su táctica se limitará
a ablandarte el corazón en la medida que su labia se lo permita. Exponle que has
reconsiderado el calendario de pagos que le comentabas y que deberá apoquinar
antes de una semana. En ese instante pueden ocurrir dos cosas, el tipo es un blandengue
y se pone a llorar como una patética nenaza, o se levanta irascible y comienza
a gritar. Independientemente de cuál sea su reacción, de las sombras han de
aparecer en ese instante unos colegas que lo sujeten tanto a él como a su
acompañante (si es el caso). Le das a elegir entre una oreja y el dedo meñique
de una mano, aunque te adelanto que el 98 por cien prefiere conservar su pabellón auricular. Dile que es un peaje que ha de pagar por haber vulnerado
las reglas de un contrato verbal e insiste en que, bajo tu opinión, es un peaje
demasiado barato, tal vez ridículo.
Ten a mano un médico que cauterice y
cure «in situ» las heridas producidas, no conviene que nadie salga más dañado
de lo necesario. Considera que se trata solo de una admonición, no de un
auténtico castigo. Sírvele otra copa, ofrécele su dedo en un frasco de formol y
luego devuélvelo en el taxi a su casa, pero adviértele con amabilidad antes de
irse de que el dinero, contante y sonante, debe obrar en tu poder antes de una
semana. Evita amenazas innecesarias, a menos que ese individuo sea un tarado de
remate habrá entendido hasta dónde eres capaz de llegar y seguro que sus
conclusiones no le gustan nada de nada.
Como decía, este método es altamente
efectivo. Lo garantizo. De hecho, tengo un taxi abajo esperando para
llevarme a la guarida de Carlo Falconeti. ¡Malditas apuestas! Creo que le gustarán las napolitanas de crema. Espero esta vez poder contener el llanto y, como ya no me quedan meñiques en las manos, elegiré
la oreja izquierda, es mi perfil malo.
Muy bueno Rafa, como siempre. Lindo manual, instructivo. Creo que hay gente en organismos gubernamentales que lo usa, hay algunas organizaciones como el FMI o el BCE que tiene códigos de conducta basados en estas teorías, aunque nunca quieran admitirlo. No hay más que ver las noticias como a diario le ponen nombres raros a la mesita esa con las tres copas (¿eurogrupo?).-
ResponderEliminarAbrazos y nuevas felicitaciones, Per.