viernes, 25 de abril de 2014

Ardiente homilía



“En una población tan pequeña como ésta, solo deberían cumplirse dos mandamientos: el silencio y la discreción”, sermoneaba brioso el párroco desde su púlpito. “Porque dijo Cristo, nuestro Señor: quien esté libre de pecado, que lance la primera piedra...”. Don Simón continuó predicando con énfasis en tanto dirigía libidinosas miradas a la piadosa Lupita, la viuda del hacendado Céspedes, que a su vez intentaba apagar -a puro golpe de abanico- un repentino y misterioso sofoco.


1 comentario:

  1. Hola Rafa, cosas que pasan en los pueblos, como tu muy bien explicas.
    Un saludo
    Puri

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