sábado, 4 de mayo de 2013

Autobiografía







Fruto de una emoción, broté en la comisura de los párpados que cubrían unos bellísimos ojos del color del cielo en un verano mediterráneo. Por allí me precipité para surcar la dulce y suave mejilla de su dueña, sintiendo la calidez que emitía un sonrojo de impreciso origen. Abandoné el rostro rozando el córner de los labios y atravesé un cuello perfecto, que humedecí hasta percibir el escalofrío que esa sensación produjo en otras zonas de su cuerpo. Finalmente me adentré en su fragante pecho donde, después de haberla amado a mi manera, me disipé y dejé de existir.


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